Repicando tomates: La ley del más fuerte.

Es posible que muchos de vosotros no hayais escuchado antes el término “repicar” o “técnica de repicado” al menos no aplicado a plantas. Si es así no os preocupeis, también ha sido algo nuevo para nosotros y aun buscándolo en el diccionario no nos aclaró lo que significa este término tan utilizado en jardinería aunque a primeras suena más a campanas.

Repicar consiste en separar las plantitas que han salido  en el semillero a partir de las semillas plantadas para que se desarrollen con más fuerza y tengan espacio para crecer.
En algunos sitios pone que además hay que cortar la punta de la raiz para que así las raices se extiendan mejor hacia los lados y se hagan más fuertes, pero la verdad es que nuestras plantas son demasiado pequeñas para eso.

Como habréis visto en anteriores fotos de nuestro semillero tenemos muchas plantitas juntas (porque nos excedimos con la cantidad de semillas, pero era la primera vez y la emoción nos pudo) y ahora toca pasar un mal trago y decidir con qué plantitas nos quedamos para que sigan creciendo.
Es muy duro, después de haber observado durante semanas como crecían y luchaban por sobrevivir,  tener que elegir a las más fuertes, con mejores raíces y más hojas por encima de las débiles y pequeñajas que aun no han terminado de dar el estirón, pero es ley de vida y así aprenderemos para la próxima a no poner más semillas de las que necesitamos.

Muy importante: hay que esperar a que las plantas tengan al menos dos hojas verdaderas (el primer par de hojas se llaman cotiledonias, y como veréis son de aspecto muy diferente al resto de hojas que van saliendo) para empezar a repicar, antes de ese momento la planta aun es demasiado joven.

El proceso fue bastante sencillo aunque muy delicado a la hora de separar las tomateras para no dañar las raíces, pero mejor vamos paso a paso:

– Preparar las macetas en las que trasplantaremos las plantas tras el repicado. Normalmente habríamos trasladado cada plantita individual a un nuevo recipiente para dejarla crecer más antes de hacer el trasplante definitivo, pero últimamente no hemos comido muchos yogures en casa, así que se nos ocurrió usar la maceta donde colocaremos la tomatera que se quede en casa pero poner las plantitas bien separadas, así más adelante extraeremos las que no nos vamos a quedar y las otras ya no sufrirán más cambios de maceta. En este caso utilizamos unos pinchos de madera de hacer brochetas para marcar la zona que ocuparía cada plantita.

– Primero y principal, rellenar la maceta con tierra muy nutritiva. En este caso la llenaremos hasta arriba y luego haremos unos agujeros para poner las plantitas y los humedeceremos.

 

– A continuación sacaremos las tomateras del recipiente que las contiene, con mucho cuidado para no estropear las raíces que con este tamaño de planta son como pelos gruesos y se rompen con mucha facilidad.

 

– Seleccionaremos las plantas que estén en mejor estado, necesitamos que las raíces crezcan fuertes y que tenga suficientes hojas para obtener energía y adaptarse al nuevo cambio.

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– Introduciremos una a una las plantitas en los agujeros, y mientras la sujetamos en la posición elegida rellenaremos con tierra el agujero para que se quede sujeto el tallo. En este caso podemos apretar un poco la tierra alrededor del tallo, o al menos nosotros lo hicimos.

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– Cuando hayamos repetido el proceso con todas las plantitas que vamos a poner en la maceta (si tuviéramos recipientes individuales sería lo mismo hasta que nos quedemos sin plantas o sin recipientes) evaluaremos el estado de las que no han sido elegidas, en nuestro caso vimos que aún habían unas pocas que estaban fuertes así que reutilizamos el bote de yogur que contenía todas las tomateras para poner las 3 o 4 que aún podían seguir adelante.

– Una vez en su nuevo hogar, regaremos con cuidado las plantas, para que tengan agua pero con precaución de que no arrastre la tierra que las sujeta ni haga agujeros, no queremos que nada más trasplantarlas se nos empiecen a torcer o inclinar.

– Si han sobrado plantitas, o se les han roto las raíces, o cualquier otro problema que implique que no las vamos a volver a plantar, es una buena idea ponerlas en un compostero (en el caso de que se tenga) para que sirvan en un futuro de alimento para las demás.
Es difícil dejar de lado algunas de las plantas que con tanto cuidado y mimo hemos cultivado, pero al menos en nuestro caso no podemos tener 15 tomateras en casa, ¡no hay sitio suficiente!

De todas formas, de las 9 que hemos dejado en la maceta, solo 3 se quedarán con nosotros, así que si alguien quiere adoptar una tomatera, sólo tiene que decirlo y estaremos encantados de regalársela una vez hayan crecido un poco más.

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Acerca de ambrosiamediterranea

Somos una Asociación Cultural Gastronómica y nuestro objetivo difundir los beneficios de la dieta mediterránea.
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